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Papel y tinta

Poema · 9 de junio de 2013 · 4 min

No te asustes. Estas pensando

Ruben Bassi

poema

La humanidad: una especie en constante actitud de búsqueda de cosas que nos conmueven para gozar

de alguna manera, de nuestra existencia.

“Conmovidos” Vivimos esperando un cambio; Mágico, fulminante, milagroso; caótico e imprevisible. Eso esperamos, quienes están o estamos más desesperados y con

“Conmovidos” Vivimos esperando un cambio; Mágico, fulminante, milagroso; caótico e imprevisible. Eso esperamos, quienes están o estamos más desesperados y con

esperanza de que fuera de la manera más

rápida.

Los dioses, el final del arco iris con la olla llena

de oro; o el rayo fulminante, que justo cae sobre el recinto donde se juntan

los corruptos a pergeñar nuestros males; ¡ O un líder proverbial y poderoso que

impone orden y justicia!.

Aún, en un estado mental alterado por algún

estupefaciente o el alcohol, soñamos un cambio.

Nada estático, nunca nada quieto,

siempre el movimiento transformándose en

más movimiento; ¿Por qué habremos de ser, entonces, distintos a la dinámica cosmogonía

de las cosas?.

Sufrimos de “frenesí”, de toda la existencia que nos rodea

Nuestras circunstancias están signadas

por cuestiones producto de nuestros propios errores, que a veces se nos escapan de las manos; y a veces, hasta nos parece que nos son impuestas por designios

insondables.

Son los tiempos de Dios, dicen los creyentes. Es el destino hacia

la “nada comprensible”, dicen los ateos. Es lo que vemos e imaginamos que pudiera

ser; El todo es posible, inclusive la creación, para los que dudamos hasta de

nuestra propia existencia.

Imaginemos solo por un instante

en este maremágnum de cuestiones físicas y metafísicas de lo inconmensurable e

infinito, a la figura, la pintura, el

video que nos muestra donde estamos trasladados de aquí para no sé dónde, como

pasajeros con licencia rodeados de otras millones y millones de formas de vida

que interactúan con nosotros, sin la preocupación del ¿”de dónde venimos”?

Conjeturemos sobre nosotros, parados en una esfera frágil y vulnerable; en esta arca de forma geoide a la que llamamos Tierra.

Mirémonos por un instante en estado continuo de rezo y plegaria; con la mente

en continua actitud pensante, mezclados

y participando activamente en una gran y

enorme mayoría de la especie a la que pertenecemos, en la búsqueda, a veces hasta desesperada, de calorías alimentarias, agua para vivir y

medios para que nuestro calor corporal nos permita andar y trasladarnos de un

lado hacia el otro a bordo del arca redonda; y hasta en su periferia del

espacio exterior.

Sobrevivir. Vivir,

desesperadamente, vivir. El mandato.

En semejante situación de continua zozobra que nos

angustia hasta provocarnos pasajeras locuras, (algunas más peligrosas que

otras, por cierto) hay actitudes distintivas tan especiales,¡ tan absurdamente

simples!, que me conmueven profundamente. Miro a mi alrededor y

veo humanos que han sufrido la desgracia de la discapacidad física, en algunos casos, provocadas por imposición de

la naturaleza y en otras, por las desopilantes aventuras de conquista de

territorios científicos y ocupación geográfica. Decía, veo a esos seres humanos, con enormes

dificultades, ayudando a otros humanos

que no las tienen; que a su vez llevan de la mano a otros humanos que inclusive

carecen de la razón aparente y estereotipada de la noción de la realidad de

quien los ayuda.

Me conmueve ver en este conglomerado de siete mil millones

de seres a quienes creen que es posible un mundo ideal, donde nadie pase hambre

y miseria; a aquellos que ven a la

naturaleza como un todo armónico en un sistema virtuoso y equilibrado, mientras

a su alrededor ven suicidios colectivos de humanos destruidos por sustancias

tóxicas que consumen para escaparse de la realidad o para recrear otra realidad

paralela de una corta vida con estados alterados de conciencia.

Me conmueven, las cosas humanas. Todas; también,

las catalogadas malas por el códice de

la vida; que me llenan de una profunda y casi intolerable tristeza.

Me conmueve; Verte jugar y mecer

En la fina rama; Sin importarte caer

En la absurda nada de la existencia

Me conmueve ese tan breve instante del dar sin pensar; ese

brevísimo instante que dimos por necesidad en lo cotidiano. Creo que allí, en

esas actitudes, están las primeras

manifestaciones genéticas de la

evolución hacia una especie por venir: el “hombre solidario”

“A cada mal, una nube de molestas mosquitas del bien lo rodea”.

Por cada deplorable codicia, mil manos se tienden.

Por cada muerte mil vidas.

No te angusties

cuando no entiendas; hazlo cuando no

sientas.

El buen humano vence.