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Papel y tinta

Poema · 21 de julio de 2013 · 3 min

Es la sensación de la angustia lo que deprime; y es la angustia quien te encierra en la propia construcción de tu realidad

Ruben Bassi

poema

Siempre lo

repito, Cambalache fue escrito por

Discepolo hace más de 90 años y en tiempo presente de aquel presente. Es interesantísimo

Discepolo hace más de 90 años y en tiempo presente de aquel presente. Es interesantísimo

leer los relatos y cuentos de las visiones lacónicas de la realidad social de

las diferentes épocas. Siempre se termina todo, desastrosamente; y sin embargo, aquí estamos, escribiendo nuevos apocalipsis y

nuevas esperanzas.

En nuestro

caso, los argentinos, somos el resultado de doscientos años de hacer lo mismo;

y hace doscientos años hubiera dicho: somos el resultado del intento de

expandir las mismas costumbres de doscientos años pasados; y así, ininterrumpidamente hasta llegar hasta

no sé dónde en un viaje hacia el pasado. Evolución, pura evolución en relatos

de lamentos, coronados por el epílogo de

las historias positivistas por la esperanza que supone no haber muerto y

despiertos en la isla desierta, armarse de espíritu para construir una nueva

realidad. El desafío. Esa forma abstracta que nos inyecta adrenalina y fervor,

un desafío.

Falta entonces un gran desafío; y creo que es la decisión de ocuparnos del país profundo. Ir Hacia la enormidad de posibilidades que

significa construir muchas más comunidades y economías regionales fuertes y

autosuficientes con espíritu solidario; no para alimentar al gigante bobo centralista,

al contrario, para transformarlo en algo más dinámico y liviano. Enorme ventaja

que nos brinda nuestra tierra Argentina poder repensar territorialmente la

distribución de la población.

No hay

sueños posibles de realizar dentro de un contexto asfixiante de millones y

millones de humanos apiñados en una mínima porción de territorio, disociados de la producción de su propio

sustento.

¿Queremos

un cambio o no? ¿O preferimos estar en la eterna y esquizofrénica forma de vida

actual que supone el continuo flujo de manadas de personas deambulando en un

sistema productivo amorfo mezcla de esclavismo, tecnología y consumismo?

No hay

manera de salir de la lógica de la actual sensación de frustración con

pensamientos que fracasaron estrepitosamente en esto de llevar bienestar, progreso

o socialización; porque el bienestar, es, nada más y nada menos que un estado de

felicidad de poder realizarse material y espiritualmente en el espacio y territorio

que un humano-individuo necesita. Hay una soberanía individual en

cada uno de nosotros que debemos comenzar a respetar más que nunca si queremos

consagrar plenamente los Derechos Humanos.

¿Qué debemos hacer?, ¿Seguir creciendo en una comunidad

monstruosa e impersonal que solo alienta a la comodidad del subsidio o la

especulación financiera?, ¿Permitir que las nuevas generaciones crezcan en la

perversidad del no se puede con toda la deformación psíquica que sugiere el

impacto del amontonamiento y alimentarse de toda forma de despojos?. Imposible

de tolerar dentro de la lógica de la humanización integrada por el fantástico recurso

comunicacional como las redes sociales virtuales. Imposible de tolerar, porque además,

en el mismo pequeñísimo espacio conviven

las más bestiales asimetrías sociales que nos muestran los medios audiovisuales

en formato de denuncia - reality show; Conviven y se retroalimentan de todo aquello

que envilece y satisface; Todo lo que sabemos e imaginamos. Pequeños estados

feudales en barrios infestados por la droga.

La exposición de particularidades es cada vez más ostentosa,

veamos: La maldad explícita en robos y actos de violencia, la miseria expuesta.

La ostentación banal del sin sentido del

estereotipo exitoso.

Solo si tenemos la visión de un nuevo modelo de convivencia

territorial podremos intentar salir de este aquelarre social en el que convivimos, para meternos en un

compromiso de construcción del hacer que nos permita realizarnos como cuerpo

social.

No se trata de volver a la tierra, se trata de ir hacia un

nuevo lugar que construir. No se trata de decir que se vallan "esos" al lugar de donde

vinieron, se trata de recrear ese nuevo lugar a imagen semejanza de nuestros

sueños de felicidad solidaria.

Comenzar a dar la buena nueva de expandir la frontera siempre

dio resultado, siempre.

Cuidemonos.

El buen humano vence.