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Escritorio y cuadernos

Poema · 22 de mayo de 2013 · 4 min

La mugre

Ruben Bassi

poema

El escrito y la voz

Voz: Gustavo Álvarez

Es importante la estética. Lo estético. Es

nuestra imagen, nuestra presentación visual ante el otro, decía el tío Anselmo.

- por eso el pelo corto. Discurseaba circunspecto en la mesa dominguera.

nuestra imagen, nuestra presentación visual ante el otro, decía el tío Anselmo.

Claro¡¡, contestaba mi abuela, siempre con su famoso "pero", tiene razón Anselmo

(no lo tuteaba, decía que a los Abogados y a los Doctores no había que

tutearlos)... Pero mire, si no se lava las patas la estética pierde consistencia cuando se saca los zapatos.

¡Pobre pero limpito¡. Dicho

fundacional de orgullo clasista de los que se escuchaban cada tanto en mi barrio.

¡A la

Pobreza, limpieza ¡ anunciaban en el “otro” barrio, donde había asfalto, en boca de algunas “pitucas”; donde algunos

de mis amigos, que hacían música, vivían con pileta de natación y habitación con baño en

suite.

Pilcha sucia no se zurce...

Algunos, los que tuvimos la suerte, fuimos peinados parados

en el inodoro, previa revisación exhaustiva de orejas uñas y cuero cabelludo en

busca de piojos (esa mirada de mi madre clavada en mi cabeza con ceño fruncido, sin parpadear en busca de

larvas y bichos (¡Inolvidable ¡). Otros, fuimos bañados en grandes fuentones de

chapa de zinc, a baldazo limpio y meta trapo enjabonado. Mamá, la abuela, una

tía, la madrina, hermana o prima mayor y a veces el padre, ocupándose de

refregar jabón blanco en cuerpos embarrados y percudidos. Nunca irse a la cama

sin bañarse. Jamás, se ensuciaban las sábanas. Eso podían hacerlo los mayores, los que trabajaban. Era ley; de las duras. Haya garrafa o no, agua calentada en

ollas, a las brasas, o calefón eléctrico, o el de alcohol, peligroso por cierto.

En verano, una

fiesta el baño, preferentemente a la tarde.

En la escuela se enseñaba higiene.

"¿Con hambre y sucio?, doble

contra sencillo: peste" (decía Irma, la enfermera)

Roñoso, Pata sucia, zorrino, culo

sucio, moco, piojoso, uña negra, sarnoso. Apelativos duros, a la hora de

enjuiciar a un falto de higiene. El tipo, estoico, soportaba con entereza los calificativos;

y le quedaba el apodo nomás: “El Mugriento”, el más concreto, creo.

En este presente nuestro, Mucha

mugre, se ve. No sé, parece. A la vista y al olfato, principalmente.

Me importa un bledo si creen que

estoy discriminando. Sí, estoy discriminando, entre la mugre de la desidia y la limpieza. Digo, mientras transito la vida entre mugrientos y limpios.

El mal comienza en cada uno.

El mal,

es la mugre. Si tengo que dibujar

al mal lo hago sucio y mal oliente (ya se, lo hay limpitos, pero ese es otro

tema) . Sí, comienza con el cada uno sucio (por dentro y por fuera). Se expande, invade; es la epidemia de la sociedad-suciedad.

La roña, desde el propio pueblo, se propaga y avanza sobre todo objeto, toma las instituciones, los

hospitales, las escuelas, las calles, la veredas, Los frentes de las casas, su interior;

su jardín, su fondo. Los techos. La mugre, nos envuelve y persigue.

Colectivos y trenes: Vomitados, orinados, manchados de pisadas con excremento,

restos de comida y bebidas azucaradas, (los pegajosos charquitos). Asientos,

rotos y sucios. El olor. El maldito olor de La basura acumulada, en montones de bolsas

apestosas con ese líquido viscoso que corre por las veredas.

La mugre hace perder la vergüenza.

Te podes tirar un pedo, o rascarte el

culo y olerte los dedos a la vista de todos. Podes escupir grandes gargajos,

donde sea. Mear en la vía pública con

total descaro, riéndote, mientras miras fijo a los ojos a los que pasan, diciéndoles con sorna, ¿qué mirás

boludo?

Cuando la vergüenza, por andar mugriento y no importarte, está

perdida, todo lo demás es dado para denigrar libertades.

Te acostumbras a la

basura, convivís con la basura, crees que todo es basura y que todos lo somos. Vivís, de la basura. Como esas inmensas

ratas e imponentes cucarachas, que están

allí, al fin y al cabo, para alimentarse y abrigarse con ella.

La mugre, es el prólogo de la sociedad vencida, que aprendió a

deleitarse entre ella, la suciedad triunfante.

Ruben Bassi

El buen humano vence.